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gaby22_1990 @ 20:18

MÉXICO ANTE EL CONDÓN
Nuestro país no ha sido ajeno a toda esta polémica, por el contrario, siempre se aviva días previos a la conmemoración del Día Mundial de Lucha contra el Sida, que tradicionalmente se celebra cada 29 de julio.
Nadie sabe con exactitud cuándo llegaron a México los condones. Los ancianos recuerdan que en la década de los treinta los preservativos se vendían en las boticas como si se tratara de aspirinas. “Eran muy grandes, de color amarillento, como mangueras de sanatorio, con una textura nada suave y muy gruesos. Se guardaban en estuches de aspecto metálico y eran lavables. Pocos lo utilizaban porque irritaban el pene y la vagina. Sus principales compradores eran los militares y también los asiduos a las prostitutas, gente temerosa de contraer sífilis” recuerda don Augusto, de 80 años de edad.
Y en efecto el condón era promovido en el Ejército Mexicano, como recuerda Luis Garfias, general de división retirado y exrector de la Universidad del Ejército y la Fuerza Aérea de México. Su utilización “era única y exclusivamente como un método profiláctico”, para prevenir enfermedades venéreas. “El condón nunca fue obligatorio, pero sí se recomendaba su uso, sobre todo en los jóvenes que se encontraban en las escuelas o universidades del ejército y que visitaban los prostíbulos de la época, y en donde había la gran posibilidad de, contraer alguna enfermedad sexual; menciona Garfias, retirado del ejército desde hace ocho años.
Los médicos militares daban instrucciones precisas para que se informara a los soldados sobre las distintas medidas que existen y de las ventajas del preservativo para evitar contagios.
“El Escuadrón 201–recordó el militar retirado– fue una unidad armada proveniente de la Fuerza Expedicionaria Mexicana, que viajó hacia Filipinas –en 1945, en la Segunda Guerra Mundial–, que utilizaba el condón, al igual que otros ejércitos del mundo”.
En aquella época, revela el militar, no había ninguna oposición por parte de los grupos conservadores, quizá porque servía como medida sanitaria y no como un medio de control natal.
El condón continuó su perfeccionamiento natural. Mejoró sus materiales, empleó látex y lubricantes, algunos le incluyeron sabores. “Se hizo muy popular entre los varones como método de planificación familiar”, de acuerdo con el estudio “Estructura de uso de métodos anticonceptivos en México” realizado y proporcionado por el Consejo Nacional de Población (Conapo).
SIDA Y CONTROL NATAL
Pese a las críticas, la Secretaría de Salud hizo modificaciones a la Norma Oficial Mexicana NOM010SSA21993, para incluir el condón o preservativo como método de prevención de enfermedades de transmisión sexual, incluyendo el sida.
Las autoridades de Salud no podían cerrar los ojos: las encuestas de 1985 sobre sexualidad evidenciaba que los adolescentes sí tenían relaciones sexuales activas y la mayoría las iniciaba a una edad temprana y sin protección. “Se informaba que 44 por ciento de los hombres y 13 por ciento de las mujeres de 15 a 19 años de edad, eran sexualmente activos”, según el estudio “Uso del condón” (Revista Salud Publica de México, vol. 45, suplemento 5, 2003).
En el 2000, el Instituto Mexicano de la juventud indicó que 60 por ciento de los hombres y 51 por ciento de las mujeres del grupo 15 a 29 años de edad, se declararon sexualmente activos.
“Algunas encuestas reportan datos sobre el uso del condón en las primeras relaciones sexuales, por ejemplo, en la de 1985 pocos hombres solteros indicaron haber empleado condón, estamos hablando de 6.8 por ciento. La cifra aumentó a 51.9 por ciento de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud 2000”, menciona Carlos Magis Rodríguez, director de lnvestigación del Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH/sida (Censida).
La cifra de adolescentes que tienen vida sexual activa ha aumentado hasta 80 por ciento y la gran mayoría encuentra en el condón una medida de prevención contra los contagios y embarazos no deseados.
La Secretaría de Economía refiere que al año se venden más de 120 millones de condones en el país, cifra conservadora debido a que no todas las empresas reportan sus ventas.

LAS CAUSAS DE LA IGNORANCIA
El problema no es nuevo, pero da señales evidentes de agravarse cada año. En 2003 el comité de salud de la Cámara de los Comunes publicó un devastador informe sobre el tema. Según el comité, a pesar de la campaña gubernamental sobre salud sexual, el porcentaje de enfermedades sexualmente transmitidas era el más alto de los últimos 50 años.
El Comité señalaba que una de las causas del problema es que las distintas unidades a cargo del tema –subdivididas en sida, embarazos adolescentes, educación sexual, etc.– no contaban con los fondos o el personal necesario para realizar su labor.
Según algunos observadores, el problema se arrastra desde hace décadas y tiene múltiples facetas. “El informe del Comité parlamentario dejó en claro que la educación sexual en las escuelas es excesivamente biológica, fragmentaria, escasa y tardía, que el sistema de planificación familiar y de anticoncepción está sometido a continuos recortes, que las clínicas de infecciones sexuales están desbordadas de demanda y sin recursos suficientes para atenderla con el consiguiente problema de las listas de espera. Esta situación no ha cambiado", señaló el columnista Malcolm Dean en el matutino The Guardian.
Los observadores enfatizan que los recortes presupuestarios que se hacen en las actividades preventivas de higiene sexual y planificación familiar se terminan convirtiendo en costos desmedidos para el conjunto del estatal Servicio de Salud británico.
El costo de un tratamiento para un VIH positivo es astronómico: un solo paciente puede gastar más de 250 mil dólares. Si a eso se le suma la pérdida de ingresos fiscales y productividad, la cifra final de un solo caso es mucho mayor.
Otro factor que contribuye a la actual desaprensión adolescente respecto al sida es histórico. En los ochenta la enfermedad era nueva y causaba pánico. Esto se refleja en Ia conciencia de los adolescentes del año 93 –primer año de la encuesta oficial.
El avance de la ciencia ha diluido el terror inicial: la aparición de distintos cocteles de drogas ha mitigado la sensación de vulnerabilidad.
ESFUERZOS INSUFICIENTES
Consciente del problema, el gobierno está aumentando la inversión en programas preventivos. La última campaña del departamento de Salud está teniendo un impacto positivo, pero según los críticos y escépticos está aún lejos de la estrategia global que se requiere.
“No hay una materia obligatoria de educación sexual en las escuelas. Falta personal en las clínicas de atención y prevención. Peor aún, el tema no es una de las nueve prioridades que se ha planteado el gobierno en temas de salud. A menos que lo sea, la situación seguirá empeorando”, resumió Malcolm Dean.
http://www.equidad.org.mx/ddeser/ddeser19.htm#1

No. 87, Mayo 2007

Despenalizar aborto, batalla en la opinión pública
por: Jenaro Villamil
Pocos temas como la despenalización del aborto generan un auténtico fenómeno de análisis y deliberación en la opinión pública nacional. A diferencia de los fenómenos mediáticos, cuya característica principal es que son de alto impacto, pero corta permanencia y de mucha superficialidad, los debates de la opinión pública son de larga permanencia, las posiciones cambian con el tiempo, a partir de las argumentaciones y del contraste entre lo que se dice y se hace.

La iniciativa presentada en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal para despenalizar el aborto hasta antes de las 12 semanas de gestación del embrión, ha generado un nuevo e intenso debate en los medios y en la opinión pública. La novedad es que, por primera vez, el debate fue acompañado por una auténtica guerra mediática, sin precedente, que incluyó los spots de Roberto Gómez Bolaños Chespirito, desplegados en medios impresos, conferencias de prensa de la jerarquía ecleciástica, propaganda y contrapropaganda, amenazas vía Internet y chantajes nada velados.

Sin evitar su compulsión conservadora, el presidente Felipe Calderón Hinojosa, al pretender avalar las posiciones en contra de la despenalización, acabó por colocar el tema en los primeros lugares de la agenda nacional. El efecto bumerán resultó tan fuerte para el primer mandatario como para el cardenal Norberto Rivera.
En clara contradicción con sus propios correligionarios panistas de la Asamblea Legislativa y en sintonía con Pro Vida, la Unión Nacional de Padres de Familia y otros voceros que repartieron excomuniones y viajes anticipados al infierno, Calderón se declaró a favor de una consulta nacional para que “no haya avasallamiento”. “Son temas que implican concepciones profundas de los mexicanos y se deben abordar con cuidado”, advirtió.

La reacción no se hizo esperar. El periódico Reforma publicó el 20 de marzo que 59 por ciento de los capitalinos consultados consideran que la propuesta debe ser aprobada, 65 por ciento opina que la despenalización reducirá el número de mujeres que mueren por abortos clandestinos y 62 por ciento subrayó que debe ser la mujer y no el púlpito quien debe decidir sobre estos asuntos.
Periódicos como Milenio Diario, La Jornada y la revista Proceso adoptaron una clara posición pro despenalización. Las principales mesas de análisis informativo en Televisa, TV Azteca, Radio Fórmula, WRadio, Monitor y Radio Centro se mostraron proclives a la despenalización.

Los 16 spots protagonizados por Roberto Gómez Bolaños generaron un efecto adverso al esperado por sus promotores, sobre todo en la ciudad de México. Chespirito “no contó con su astucia” y la organización Denme Chance –que pagó tres millones de pesos por ellos– tuvo que retirarlos del aire. Se anunció una intensa campaña de 50 espectaculares y 150 vallas publicitarias que quedó a la mitad del camino. Las multitudinarias marchas anunciadas por la jerarquía católica no fueron tales, ni siquiera en los días de Semana Santa.

Los rounds perdidos
Esta nueva batalla que la cultura laica ganó a la cultura confesional, aquella que considera que todo lo que la religión clasifica como “pecado” debe traducirse en “ilegal” y, por lo tanto, criminalizarse, es quizás el más reciente colofón de una serie de escándalos y debates que han minado la credibilidad de la jerarquía católica.

Sólo por enumerar los más recientes: la promoción involuntaria del clero al pretender la censura de la película El crimen del padre Amaro; las denuncias de pederastia y la impunidad prevaleciente en los casos que involucran a Marcial Maciel y a los sacerdotes protegidos por Norberto Rivera; el fallido intento por prohibir el uso de la píldora del día siguiente; el escándalo de las tangas que protagonizó Pro Vida y su dirigente Jorge Serrano Limón; su oposición a las sociedades de convivencia opacada por un inusitado interés mediático en las bodas gays y el inicio del debate sobre la legalización de la eutanasia.

En este marco de continuas batallas perdidas por los sectores más conservadores, se presentó la iniciativa de despenalización del aborto en el Distrito Federal. Un primer round se vivió en el 2000, cuando la entonces jefa de Gobierno capitalina, Rosario Robles, envió una iniciativa para despenalizar el aborto en los casos de malformaciones, violación y riesgo para la vida de la madre.

Pensando que en aquella ocasión les hizo falta “mostrar el músculo”, la jerarquía católica, sus seguidores laicos, las organizaciones de padres de familia y Pro Vida, lejos de convencer con sus amenazas y excomuniones, convencieron a un mayor número de creyentes. El ciudadano católico promedio demostró que la máxima “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” hoy está más vigente que nunca.

El cambio en la opinión pública
El hecho más sintomático en torno a la despenalización del aborto es que afloró el cambio más importante en la opinión pública respecto a los temas de derechos sexuales y reproductivos.

Una encuesta telefónica nacional, realizada por BGC (Beltrán y Asociados), difundida el 19 de marzo de este año, documenta puntualmente este cambio: En 1995, 53 por ciento de la población estaba en desacuerdo con el uso del condón. En 2007 este porcentaje se redujo a 5 por ciento. En la misma fecha, 52 por ciento se oponía a la difusión de programas masivos de educación sexual. Ahora se redujo a 17 por ciento.

La despenalización del aborto ganó adeptos también. En 2007, 35 por ciento está de acuerdo y 59 por ciento en desacuerdo. En el Distrito Federal, el porcentaje de apoyo se eleva a 60 por ciento y sólo 38 por ciento se opone. La mayoría aprueba el aborto cuando está en riesgo la vida de la madre (77 por ciento a nivel nacional y 85 por ciento en el Distrito Federal.

Respecto al 2000, se incrementó el acuerdo con el aborto cuando el embarazo fue producto de una violación (el índice nacional pasó de 57 por ciento de acuerdo a 69 por ciento en 2007. En el DF la aprobación es de 86 por ciento).
A diferencia de los años recientes, ahora prevalece el porcentaje de quienes aprueban el aborto cuando el niño puede nacer con malformaciones. En 2000, 47 por ciento estaba de acuerdo en parte y en 2007 el índice se elevó a 55 por ciento.
En el Distrito Federal, 70 por ciento aprueba esta posibilidad.

El punto más polémico es la aceptación del aborto como método anticonceptivo. El 68 por ciento a nivel nacional está en desacuerdo, pero los capitalinos dividen opiniones: 46 por ciento está de acuerdo en parte y 51 por ciento está en desacuerdo en parte.

La misma encuesta revela que aumentó el porcentaje de quienes desaprueban que la Iglesia critique al gobierno: a nivel nacional pasó de 53 por ciento en 2005 a 65 por ciento en 2007. En el DF es de 67 por ciento. La gran mayoría desaprueba el sólo hecho de que la Iglesia se pronuncie sobre asuntos políticos: 63 por ciento a nivel nacional y 69 por ciento en la capital del país.

Otra encuesta en domicilio, elaborada por Ipsos-Bimsa, en mayo de 2006, entre 3 mil 513 mexicanos de entre 15 y 65 años también arrojó cambios importantes en la opinión pública. El 58 por ciento de los entrevistados señala que el aborto debe estar permitido bajo ciertas circunstancias. Sólo 26 por ciento se opuso al aborto en todos los casos.

Los índices se elevan por cada una de las causales: 69 por ciento está de acuerdo cuando la vida de la mujer corre peligro; 64 por ciento cuando la salud de la mujer está en riesgo; 65 por ciento cuando el embarazo es producto de una violación y 56 por ciento cuando existen malformaciones en el feto. Sólo 17 por ciento consideró que se debe castigar penalmente a una mujer que aborta cuando su vida está en peligro y sólo 20 por ciento está a favor de castigar penalmente a las mujeres que abortan cuando el embarazo fue producto de una violación.

A su vez, la empresa Consulta Mitofsky difundió en enero de 2007 otro sondeo en que vinculó los temas de uso del condón, píldora del día siguiente y despenalización del aborto.

El 93.6 por ciento de los mil encuestados están a favor del uso del condón –cifra que se eleva a 97 por ciento entre jóvenes de 18 a 29 años de edad–; 60.7 por ciento considera correcto el uso de la píldora del día siguiente; 49 por ciento está de acuerdo en la despenalización del aborto y 47 por ciento en desacuerdo. Este porcentaje se eleva a 51.4 por ciento entre jóvenes de 18 a 29 años y a 50 por ciento entre el segmento de 30 a 49 años.

Este tema también arroja resultados comparativos. En julio de 2005, sólo 19.4 por ciento se manifestó de acuerdo con el aborto, pero en enero de 2007 el porcentaje de aceptación se elevó a 32.1 por ciento.
Lo más revelador de la encuesta de Mitofsky es que “la identidad partidista no es determinante en la aprobación o desaprobación de un método. Lo que sí es determinante es el tipo de localidad donde se vive. En el área rural hay menor aprobación.

Curiosamente, la encuesta reflejó que quienes se identificaban como “perredistas” tenían el menor índice de aceptación a la despenalización del aborto: 43.4, frente a 46.9 de quienes se asumen como “priistas” y 46 por ciento de los “panistas”. Quienes no tienen ninguna identidad partidista aprueban en 57 por ciento la despenalización.

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